Voces contra subtítulos

El cierre de la mayoría de salas de cine Renoir en los últimos meses ha evidenciado una vez más que la sociedad española, mayoritariamente, prefiere ver las películas extranjeras dobladas al castellano que en versión original subtitulada (VOSE).

El doblaje en España apareció al principio de los años 30 del siglo pasado, pero se convirtió en obligatorio durante la dictadura franquista. Lo que empezó siendo un método de imposición del castellano y censura se convirtió en parte de la cultura cinematográfica española, incluyendo a espectadores y empresas de distribución.

Es innegable es que en las últimas décadas este campo ha generado profesionales de éxito, como el recién desaparecido Constantino Romero, Ricardo Solans y Jordi Boixaderas, entre muchos otros. De todos modos, con el auge de Internet y el consecuente mayor acceso a contenidos audiovisuales en versión original, muchos jóvenes claman hoy en día por una política que favorezca más la proyección de películas y series en versión original.

El debate cobra vida con más o menos intensidad en función de la actualidad pero siempre está ahí, con los defensores del doblaje y sus detractores. Desde –Ish, nos interesamos por esta cuestión por la repercusión que tiene en el dominio de una lengua, en nuestro caso el inglés.

Fijémonos en el caso de Portugal, tal como expone el reportaje Do you speak English’ de la televisión pública catalana (TV3), del cual ya hablamos en nuestro tercer post. El país vecino ha hecho una apuesta clara por los subtítulos, no sólo en el cine sino también en la televisión. Allí, sólo se doblan los contenidos extranjeros destinados al público infantil.

Evidentemente, detrás de esta política hay un interés económico pues es más barato subtitular que doblar. Aun así, las últimas encuestas de la Unión Europea (UE) sobre la competencia lingüística avalan el modelo portugués, cuyos jóvenes entienden y hablan el inglés mucho mejor que los españoles.

El VOSE permite acostumbrar el oído a la lengua extranjera y conservar expresiones orales genuinas de la lengua de origen. Acercar a los niños los sonidos anglosajones de manera regular es muy beneficioso para ellos, tal como demuestran éste y otros estudios. El doblaje, en cambio, puede cambiar la esencia una frase e incluso dejar en segundo plano el trabajo de los actores. Un ejemplo lo encontramos en ‘El discurso del Rey’, película con la cual Colin Firth ganó el Oscar por su interpretación del monarca tartamudo Jorge VI.

Cambiar dinámicas tan arraigadas socialmente como el doblaje es muy difícil. De todos modos, estaría bien que empezáramos a pensar en lo beneficioso que podría resultar para las generaciones futuras un ambiente donde consumir contenidos audiovisuales en versión original fuera más frecuente de lo que es ahora.

No se trata de aniquilar el doblaje, sino de proponer un modelo mixto que respete la tradición del pasado y se abra a nuevas vías muy beneficiosas en el ámbito lingüístico. La cuestión es poder elegir.