Los cursos escolares en el extranjero se consolidan pese a la crisis

Junio, finales de primavera. Ha llegado el final de curso y padres, alumnos y profesores deben hacer balance. Antes, los estudiantes encaran la última y   definitiva tanda de exámenes. Pero no es así para todos pues hay un pequeño  grupo entre ellos que ya ha empezado a disfrutar de sus vacaciones.

Nos referimos a aquellos estudiantes que han optado por seguir este curso   académico en una escuela de otro país con el objetivo de  perfeccionar una lengua extranjera, mayoritariamente el inglés.

Es evidente que la crisis económica ha provocado que muchas familias se replanteen la posibilidad de enviar a su hijo a un colegio extranjero. No nos engañemos: es una opción que conlleva un sacrificio pecuniario a tener en cuenta, especialmente en estos tiempos.

Y pese a ello, la Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero (Aseproce), que aglutina más de 70 empresas especializadas en este campo, se muestra satisfecha con las cifras de los últimos años. En el curso 2011-2012 fueron cerca de 3.000 los estudiantes entre 12 y 18 años que realizaron un año escolar en otro país.

La mayoría de familias escoge algún lugar de EE.UU (un 80%) pero Irlanda (14%) y Gran Bretaña (6%) también resultan destinos atractivos por su proximidad con España, en caso de que surja algún problema. Evidentemente, los países de habla inglesa son los más solicitados aunque en los últimos años destinos de Francia y Alemania han experimentado un leve aumento.

Para la gran mayoría de estudiantes, esta aventura supone su primer gran reto personal. Es la oportunidad de demostrar y adquirir un importante grado de madurez e independencia. No sólo se trata de regresar con un buen bagaje respecto al idioma en cuestión. En el viaje el alumno también debe aprender a administrar su libertad, en teoría mucho más elevada que en su lugar de origen, un hecho que conlleva más responsabilidad.

Los psicólogos también coinciden en destacar el desafío que comporta adaptarse a una familia completamente nueva (su entorno, su rutina y su cultura), cosa que ayudará a fomentar más tolerancia sobre aquello que es poco conocido.

¿Y qué ocurre con los resultados académicos? Obviamente, el estudiante debe aprobar todas las asignaturas que haya cursado en el lugar de destino. En ese caso, según asegura Aseproce, no debería haber ningún problema para convalidar el curso con el equivalente español.

Aventuras de este tipo implican cierto grado de riesgo, como que el alumno no consiga adaptarse al nuevo entorno, cosa poco probable en caso de que haya buena predisposición. En cambio, los beneficios potenciales son enormes tanto en el ámbito del colegio como en el personal. De hecho, tal como publicó el periodista Jordi Jarque hace unos meses en La Vanguardia, el índice de fracaso escolar entre los alumnos que optan por seguir un curso en el extranjero es extremadamente bajo. El 98% de los alumnos aprueban.

Todo empieza con las ganas y la curiosidad lingüística.